El verano transforma el aire, la luz y también la forma en que conectamos con lo que nos rodea. En esta estación, los colores se intensifican, los aromas se sienten más vivos y las emociones se expresan con naturalidad. Por eso, elegir flores en verano no es solo cuestión estética: es una forma de sintonizar con la energía de la temporada.
En los meses cálidos, buscamos frescura, ligereza y una belleza sin artificios. Y eso es exactamente lo que transmiten los ramos diseñados para el verano: composiciones florales que respiran libertad, color y un encanto sofisticado pero natural.
No todas las flores brillan igual en verano. Algunas destacan por su resistencia al calor, otras por su colorido vibrante, y otras por esa cualidad etérea que parece capturar el sol.
Estas son algunas de las especies que se asocian más estrechamente con esta estación:
Peonías: con sus formas voluptuosas y aroma inconfundible, evocan romanticismo y frescura. Son flores de impacto que no necesitan adornos para destacar.
Lisianthus: delicadas, suaves, con pétalos que recuerdan a la seda. Perfectas para dar un aire refinado sin rigidez.
Rosas en tonos frutteto o pink expression: sus matices frutales y envolventes son ideales para representar alegría, vitalidad y amor veraniego.
Astromelias: duraderas, ligeras y siempre dinámicas. Dan movimiento a cualquier ramo sin robar protagonismo.
Oxypetalum: con su tono azul suave, aporta un guiño inesperado que recuerda al cielo despejado de julio.
Rosas garden: más abiertas, texturizadas y románticas, son una versión veraniega de la rosa clásica.
Verdes aromáticos: como el eucalipto o el ruscus, que aportan frescura, volumen y un aire silvestre.
El verano invita a jugar con la intensidad del color, pero también a explorar combinaciones sutiles que evoquen calma.
Tonos coral, fucsia o frambuesa aportan energía y atrevimiento. Son perfectos para ramos que quieren ser el centro de atención.
Blancos, lavandas y cremas transmiten elegancia y serenidad. Ideales para espacios minimalistas, bodas veraniegas o gestos románticos.
Verdes frescos y azules pastel evocan naturaleza, libertad y frescura. Son el alma de los arreglos más relajados y contemporáneos.
La clave está en encontrar un equilibrio: ni demasiado intenso ni demasiado neutro. Un buen ramo de verano se construye desde la emoción, no desde la tendencia.
Más allá del cumpleaños, aniversario o evento concreto, el verano es en sí mismo una razón para regalar. La luz natural favorece los colores, los espacios se abren, y las emociones se expresan con menos filtros.
Un ramo en esta época puede significar:
“Estoy pensando en ti, aunque estemos lejos.”
“Gracias por este verano contigo.”
“Celebremos esta comida, esta casa, esta etapa.”
“Te regalo algo bonito, solo porque sí.”
Y es que, a veces, no hace falta una gran excusa para llenar de flores un rincón. Basta con que el momento lo merezca.
Los ramos veraniegos no solo decoran: acompañan, celebran, inspiran. Son un reflejo de cómo nos sentimos cuando todo fluye con naturalidad. Ya sea con colores vibrantes o con composiciones más suaves, elegir flores en verano es una forma de sintonizar con la belleza de la vida al aire libre.

